Para una empresa como DAC Industrial, que desarrolla sus propias soluciones y productos, uno de los perfiles profesionales clave es el del ingeniero. Sin personal cualificado sería imposible diseñar mecanismos totalmente a medida y eficientes, adaptados a las necesidades reales de nuestros clientes. La capacidad de innovar, optimizar procesos y garantizar la fiabilidad técnica de los proyectos depende, en gran medida, del talento de este profesional.

Por este motivo, queremos compartir las conclusiones del III Informe sobre el Análisis de los Estudios Universitarios de Ingeniería, presentado por INGITE a principios de año, que dibuja un panorama preocupante para el futuro de la profesión y, a su vez, para todo el tejido industrial español.

El papel estratégico de la ingeniería

INGITE es el organismo que agrupa a las asociaciones profesionales de las diez ramas de la ingeniería en España y representa a más de 350 000 profesionales. Su objetivo es promover la ingeniería como herramienta fundamental para abordar los retos sociales, económicos e industriales.

Desde esta perspectiva, el informe pone de relieve un profundo desajuste entre la oferta académica y las necesidades reales del mercado laboral, con implicaciones directas para sectores estratégicos como la industria.

Un drástico descenso de las vocaciones de ingeniería

Una de las conclusiones más llamativas del estudio es la pérdida sostenida de interés por los estudios de ingeniería. El número de estudiantes matriculados ha caído un 33 % desde el curso 2002-2003. Mientras que en 2002 la ingeniería representaba el 24 % de las matriculaciones universitarias, en el curso 2024-2025 esta cifra se sitúa en el 16,98 %.

Este descenso pone en peligro la sucesión generacional en un momento en que la industria necesita más perfiles técnicos que nunca.

Pocos titulados para afrontar los retos del futuro

La situación es aún más crítica si nos fijamos en el número de titulados. Solo el 7,54 % de todos los titulados universitarios obtiene un título en ingeniería. En 2006, esta proporción se acercaba al 20 %.

Según INGITE, este volumen es claramente insuficiente para hacer frente a los retos de la transición energética, la digitalización y la transformación industrial, procesos que requieren un alto nivel de competencia técnica.

Una tasa de abandono muy elevada

A la falta de vocaciones se suma otro factor preocupante: alrededor del 50 % de los estudiantes que comienzan una carrera de ingeniería no la completan.

Esta tasa de abandono agrava aún más la escasez de profesionales cualificados y pone de relieve la necesidad de revisar tanto los enfoques académicos como la orientación de los estudios.

La explosión de titulaciones no habilitantes

Actualmente, el 53 % de las titulaciones de grado en ingeniería no permiten ejercer la profesión regulada. En la última década, este tipo de titulaciones ha crecido un 59,4 %.

Esto significa que muchos titulados no pueden asumir responsabilidades profesionales, como dar el visto bueno a proyectos o supervisar obras de construcción, sin completar una formación adicional.

Este modelo tiene consecuencias directas para las personas:

  • Hay más de 200 000 personas afectadas —entre titulados y estudiantes— que han completado titulaciones no habilitadoras.
  • Muchos se ven obligados a invertir más tiempo y recursos económicos en másteres habilitadores para poder ejercer plenamente, lo que retrasa su incorporación al mercado laboral.

Según el INGITE, esta situación genera frustración y desalienta nuevas vocaciones.

El aspecto positivo: mayor presencia femenina

El informe también incluye algunos indicadores positivos:

  • La presencia de mujeres en los estudios de ingeniería ha aumentado un 36,6 % en los últimos diez años.
  • Actualmente representan el 23 % del alumnado.
  • Además, tienen una tasa de graduación más alta (46,9 %) que los hombres (39,4 %).

No obstante, persisten importantes desequilibrios regionales. Mientras que algunas comunidades están aumentando las matriculaciones —a menudo impulsadas por titulaciones no acreditadas—, otras con una larga tradición industrial, como Asturias, Castilla y León o Extremadura, están viendo cómo caen significativamente las matriculaciones en titulaciones acreditadas.

Una solución estructural: una Ley de Ingeniería

Como conclusión estratégica, INGITE reclama la urgente necesidad de una Ley de Ingeniería que:

  • Unifique el marco profesional.
  • Proteja el nombre de la ingeniería exigiendo el cumplimiento de las normas europeas.
  • Elimine la confusión actual entre titulaciones académicas y atribuciones profesionales.

Según la organización, esta es una condición esencial para garantizar el futuro de la profesión y asegurar que la industria cuente con el talento técnico necesario.

En DAC Industrial compartimos esta preocupación. El desarrollo de nuestras propias soluciones industriales eficientes y sostenibles solo es posible con personal que cuente con la formación adecuada, alineada con las necesidades reales del sector.

Creemos que reforzar el vínculo entre la empresa, la formación y la realidad industrial es clave para garantizar un futuro competitivo.

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